Internet en 1998 y la Inteligencia Artificial en 2026: cuando las empresas vuelven a enfrentar un punto de no retorno

No sólo coinciden por ser años con calendarios exactamente iguales. Sino por un paralelismo estratégico, entre la consolidación comercial de Internet y la actual madurez de la Inteligencia Artificial

Imagen generada con Nano Banana – Prompt de Néstor Altuve

Por Néstor Altuve – info@nestoraltuve.com (*)

La historia no se repite, pero rima con una precisión inquietante. Quien observe con atención lo ocurrido entre 1998 y el año 2000 entenderá mejor, y con menos ansiedad, lo que está sucediendo hoy con la Inteligencia Artificial (IA). No desde la óptica tecnológica, sino desde la lógica del negocio, del capital y del poder económico.

Porque el verdadero paralelismo no está en la tecnología. Está en el momento psicológico y estratégico del mercado.

1998: cuando Internet dejó de pedir permiso

Internet no nació comercialmente en 1998. Llegó antes, pero 1998 fue el año en que dejó de justificarse. Hasta ese momento era:

  • Un territorio experimental
  • Un activo “interesante, pero no esencial”
  • Un complemento, no un eje estratégico

En 1998 ocurre algo decisivo, las preguntas cambian. Ya no se pregunta: “¿Sirve Internet para hacer negocios?” La pregunta pasa a ser: “¿Qué parte de mi negocio va a desaparecer si no estoy en Internet?” Ese cambio mental es el verdadero hito.

Empresas como Amazon, que habían sido vistas como apuestas arriesgadas, comienzan a ser evaluadas como modelos replicables. La fundación de Google en 1998 no se percibe como un buscador más, sino como una infraestructura económica del conocimiento. No era glamour. Era estructura.

El gran error del año 2000: confundir adopción con sostenibilidad

Aquí aparece la primera lección clave para la IA actual. Entre 1998 y 2000, Internet vivió una adopción masiva sin disciplina económica. La premisa dominante era peligrosa: “Primero crecemos, luego vemos cómo ganamos dinero.”

El resultado fue conocido:

  • Burbuja
  • Quiebras
  • Destrucción de valor
  • Descrédito temporal

Pero atención, Internet no fracasó. Fracasó la ingenuidad estratégica. Las empresas que sobrevivieron no fueron las más innovadoras, sino las que entendieron tres cosas antes que el resto:

  1. La tecnología no paga facturas
  2. El crecimiento sin modelo es una ilusión
  3. El mercado no perdona la falta de foco

2022–2025: el déjà vu de la Inteligencia Artificial

Avancemos rápido. La IA generativa vive hoy el mismo marco narrativo inicial:

  • Fascinación
  • Euforia
  • Uso desordenado
  • Expectativas infladas

Las organizaciones repiten, casi palabra por palabra, los errores de finales de los noventa:

  • “Implementemos IA en todo”
  • “Luego vemos el retorno”
  • “Si no usamos IA, quedamos atrás”

La diferencia es una sola, y es crítica: esta vez sabemos cómo termina la primera fase.

2026: el nuevo 1998

Aquí es donde el paralelismo se vuelve incómodo y útil. Estamos entrando en el 1998 de la IA. No es el inicio. No es la explosión. Es el punto de no retorno estratégico.

Hoy las preguntas ya no son técnicas:

  • ¿Qué herramienta de IA usar?
  • ¿ChatGPT, Copilot, Gemini u otras?

Las preguntas correctas son:

  • ¿Dónde genera dinero?
  • ¿Dónde reduce costos estructurales?
  • ¿Qué procesos deja obsoletos?
  • ¿Qué unidades de negocio se redefinen?

Exactamente las mismas preguntas que emergieron con Internet en 1998.

La gran diferencia: esta vez el error es imperdonable

Hay una diferencia brutal entre 1998 y 2026.

En 1998:

  • No había precedentes
  • No existían marcos claros
  • El aprendizaje fue caro, pero comprensible

En 2026:

  • Ya conocemos el patrón
  • Ya vimos una burbuja tecnológica
  • Ya sabemos que la adopción sin modelo destruye valor

Por eso, usar IA sin una lógica financiera clara no es audacia. Es negligencia estratégica.

De la tecnología al modelo: el verdadero salto

Las empresas que sobrevivieron al colapso de las punto com no fueron las más visibles, sino las que:

  • Integraron Internet en su cadena de valor
  • Rediseñaron procesos completos
  • Construyeron modelos híbridos (físico + digital)
  • Midieron retorno antes de escalar

Con la IA ocurre lo mismo.

No se trata de:

  • “tener IA”
  • “probar herramientas”
  • “capacitar por moda”

Se trata de:

  • Monetizar capacidades
  • Automatizar costos
  • Aumentar márgenes
  • Crear ventajas competitivas

Hoy la IA, como Internet en 1998, no es una línea del presupuesto de innovación. Es una decisión estructural de negocio.

El espejo incómodo para los líderes

En 1998, muchos CEOs dijeron: “Esperemos a que esto madure.” En 2002, muchos ya no tenían empresa. Hoy, el discurso se repite: “Veamos cómo evoluciona la IA.”

La historia es clara: los que esperan claridad absoluta llegan tarde. Pero los que avanzan sin modelo llegan antes al fracaso. El equilibrio es estratégico, no tecnológico.

La lección final: no se trata de IA, se trata de liderazgo

Internet no transformó negocios. Transformó a los líderes que entendieron cómo usarla. La Inteligencia Artificial no hará nada distinto. El verdadero paralelismo entre 1998 y 2026 no está en la tecnología, sino en esta pregunta: ¿Quién está tomando decisiones con visión estratégica y nuevos modelos, y quién solo está reaccionando al ruido? En 1998, esa diferencia separó a los sobrevivientes de los desaparecidos. En 2026, separará a las empresas relevantes de las irrelevantes. La historia no avisa dos veces. Solo ofrece patrones. Y este, hoy, es imposible no verlo.

(*) Investigación inicial asistida por IA – Redacción del artículo por Néstor Altuve

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