Panamá, PIB e IA hacia 2030: Productividad o irrelevancia

Incrementar la productividad no implica trabajar más horas ni presionar artificialmente el empleo. Implica trabajar mejor, con mayor eficiencia y mayor valor agregado. Es precisamente en este punto donde la IA puede convertirse en un aliado relevante, siempre que se integre dentro de una estrategia coherente.

Imagen generada con Nano Banana – Prompt de Néstor Altuve

Por Néstor Altuve – @nestoraltuve info@nestoraltuve.com

Pensar el crecimiento del PIB panameño hacia 2030 sin incorporar de forma explícita a la inteligencia artificial (IA) no es solo una omisión técnica. Es, al menos, una señal preocupante de miopía estratégica en un contexto global donde la productividad se ha convertido en el principal determinante del crecimiento económico sostenible. En una economía pequeña, abierta y altamente expuesta a la competencia internacional, la productividad no es una variable más. Es el verdadero campo de batalla del desarrollo económico de largo plazo.

Un reciente análisis del Centro Nacional de Competitividad (CNC) apunta en esa dirección. El crecimiento económico no se explica únicamente por la acumulación de capital o por la expansión del empleo. El factor que marca la diferencia, el que separa a los países que crecen de manera inercial de aquellos que logran transformar su estructura productiva, es la Productividad Total de los Factores (PTF). Dicho de forma simple, se trata de la capacidad de una economía para combinar mejor su capital, su trabajo, su tecnología y su organización para generar más valor con los mismos recursos disponibles.

Es en este punto donde la IA deja de ser un tema estrictamente tecnológico para convertirse en un asunto macroeconómico de primer orden.

Fuente CNC

El PIB no crece solo: crece cuando mejora la productividad

Desde la perspectiva de la contabilidad del crecimiento, el marco clásico asociado al modelo de Solow, el aumento del PIB puede descomponerse en tres grandes contribuciones: capital, empleo y productividad. Panamá ha demostrado históricamente una notable capacidad para atraer inversión y expandir su base de servicios. Sin embargo, los datos de la última década muestran una realidad incómoda. El crecimiento ha sido volátil y, en buena medida, dependiente de factores externos, con una contribución de la productividad que no termina de consolidarse como motor estructural.

El material publicado por el CNC muestra que, en los años en los que la productividad aporta de manera positiva, el crecimiento del PIB tiende a ser más sólido y sostenible. En los períodos donde la productividad se estanca o retrocede, el crecimiento pierde fuerza, incluso cuando existen avances en inversión o empleo. La pandemia de 2020 fue un caso extremo, pero no el único. El mensaje subyacente es claro: sin mejoras sostenidas en productividad, el crecimiento económico enfrenta límites evidentes.

En 2026, por tanto, la pregunta relevante ya no es si la productividad importa, sino cómo acelerarla en un contexto global donde la IA está modificando los procesos productivos en prácticamente todos los sectores.

IA: de herramienta operativa a multiplicador estructural

Uno de los errores más frecuentes en el debate público consiste en reducir la IA a un simple mecanismo de automatización de tareas o de reducción de costos laborales. Esa visión es incompleta. La evidencia disponible sugiere que la IA puede actuar como un habilitador de eficiencia operativa, pero también como una fuente de mejora en la toma de decisiones, en el aprendizaje organizacional y en la optimización de procesos complejos.

En una economía como la panameña, predominantemente orientada a servicios como logística, banca, comercio, turismo y servicios profesionales, la IA tiene el potencial de incidir directamente en el núcleo del modelo productivo. Puede contribuir a optimizar cadenas logísticas, reducir fricciones administrativas, mejorar la gestión del riesgo financiero, personalizar servicios y escalar operaciones sin requerir un crecimiento proporcional de estructuras físicas o administrativas.

Eso es productividad en su definición más esencial. Generar más valor con los mismos recursos.

La evidencia internacional es consistente en este punto. Diversos organismos multilaterales y estudios empíricos coinciden en que una parte significativa de las diferencias de ingreso entre países se explica por brechas de productividad, más que por la cantidad de trabajo o de capital disponible. No se trata de una discusión ideológica, sino de un consenso ampliamente documentado en la literatura económica.

Panamá frente al espejo de la productividad

El propio CNC identifica una serie de cuellos de botella estructurales que no son nuevos, pero que adquieren mayor relevancia en un contexto de aceleración tecnológica: deficiencias en la calidad y pertinencia educativa, brechas de habilidades laborales, niveles limitados de innovación empresarial y una inversión privada que no siempre se orienta a la transformación productiva.

La IA, por sí sola, no resuelve estos desafíos. De hecho, una adopción desordenada o desigual puede amplificar brechas existentes entre empresas grandes y pequeñas, entre sectores más y menos tecnificados, o entre trabajadores con distintos niveles de preparación. Por ello, el impacto de la IA sobre la productividad y el crecimiento no es automático ni garantizado.

Productividad aumentada: el verdadero objetivo país

Incrementar la productividad no implica trabajar más horas ni presionar artificialmente el empleo. Implica trabajar mejor, con mayor eficiencia y mayor valor agregado. Es precisamente en este punto donde la IA puede convertirse en un aliado relevante, siempre que se integre dentro de una estrategia coherente.

La hoja de ruta es conocida y ha sido ampliamente documentada:

  • Mejorar la calidad del capital humano, con énfasis en habilidades digitales, analíticas y de adaptación.
  • Invertir en educación pertinente, alineada con las necesidades reales de la economía.
  • Modernizar el capital físico incorporando tecnología, datos e inteligencia en los procesos productivos.
  • Fomentar la innovación empresarial como práctica sistemática.
  • Avanzar en la digitalización del Estado para elevar su eficiencia y su rol como facilitador de la productividad privada.

Cada uno de estos elementos mantiene una relación directa, aunque no mecánica, con el uso estratégico de la IA.

El riesgo de no decidir

El principal riesgo para Panamá no es adoptar IA. El riesgo es hacerlo sin dirección estratégica o, peor aún, postergar decisiones clave en un entorno donde la productividad global avanza a ritmos acelerados. En un mundo donde la eficiencia y el uso inteligente de la tecnología determinan la competitividad, la inacción no es neutral.

Hacia 2030, el crecimiento del PIB panameño dependerá cada vez menos de la expansión extensiva y cada vez más de la capacidad de sofisticar procesos, elevar el valor agregado y mejorar la eficiencia sistémica. Menos volumen y más inteligencia productiva.

La discusión relevante, por tanto, no es si la IA puede contribuir al crecimiento económico. La cuestión central es quién captura ese valor, cómo se distribuye y si se traduce en bienestar sostenible o en nuevas formas de desigualdad.

Una decisión que define la década

Panamá aún dispone de margen de maniobra, pero ese margen no es ilimitado. La productividad no se construye de manera espontánea ni la transformación ocurre por decreto. Requiere liderazgo, visión país y una ejecución consistente a lo largo del tiempo.

La inteligencia artificial puede convertirse en uno de los motores más relevantes del crecimiento económico panameño hacia 2030 si se integra como un multiplicador de productividad, competitividad y valor agregado nacional. Lo contrario no es una posición neutral: es una renuncia tácita a competir en una economía global cada vez más exigente.

En ese contexto, la disyuntiva no es tecnológica. Es estratégica. Y define, en buena medida, el lugar que Panamá aspira a ocupar en la próxima década.

Néstor Altuve – Enero 2026

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